Tristán Bauer: “La cultura es una cartografía compleja y rica, que nos define y nos señala el porvenir”

“En el Día Nacional de la Cultura, les propongo un ejercicio: pensar la cultura como un mapa de diversidades, con caminos que se cruzan y senderos que se bifurcan. Una cartografía compleja y rica, que nos define, que representa aquello que nos liga con nuestros antepasados, sus luchas, sus esfuerzos. Y que también nos señala el porvenir, la apuesta siempre presente por alcanzar un horizonte más justo para todos y todos

En esta región, donde hay una enorme riqueza cultural que se expresa en la diversidad de sus territorios, identidades, lenguas, creencias, expresiones artísticas y formas de vida, las diferencias nos unen. Son, entonces, varios los mapas que funcionan para orientar nuestro camino e indicarnos dónde hacíamos vamos, sin olvidar jamás la magnitud y la importancia de nuestra historia. Nuestra América, como la llamada José Martí, está unida por una historia común en la que las luchas por la paz, la democracia, la libertad y la igualdad nos hermanan como pueblos.

Pensemos en ese encuentro histórico del que se están cumpliendo doscientos años en estos días y que celebra la reunión entre dos máximas figuras de nuestra historia. Una cumbre que traza tambien el camino por donde construir independencia sin dejarse doblegar. Compartimos mapas en los que la lucha emancipadora y la necesidad de defender nuestra soberanía se expresan de diferentes formas en cada lugar, pero que tienen un entramado común. Porque es imposible pensar la cultura sin soberanía, sin respeto por la diversidad.

Nuestro desafío debe ser el de implementar políticas públicas que valoren la dimensión simbólica de la cultura, aquella que construye sentido, pero también su dimensión material, la que permite el fomento de las industrias culturales, imprescindibles para el desarrollo de la economía de nuestro país. Las industrias culturales generan sentido y generan trabajo, dos pilares fundamentales para la construcción de sociedades más justas y soberanas. Es necesario, entonces, garantizar recursos que estimulen el crecimiento de las industrias culturales, que a su vez impactan sobre la matriz productiva potenciando, de esta manera, un círculo virtuoso.

También en este entramado cartográfico es indispensable trabajar junto a las redes territoriales donde la cultura tiene la capacidad de sanar las heridas del tejido social. El compromiso con los desafíos de las comunidades, junto a sus artistas y gestores culturales, permite mejorar la calidad de vida, ampliar la participación ciudadana y proyectar nuevos horizontes colectivos. Esto debe darse cuenta en todo el territorio, porque sin políticas culturales federales que lleguen a todas las argentinas y todos los argentinos, no hay igualdad posible ni acceso a los bienes y servicios culturales. Es necesario garantizar siempre la posibilidad del encuentro de los artistas con su público a través de los festivales regionales, la revalorización del patrimonio, el mejoramiento de la infraestructura cultural, la federalización de los programas y la articulación con gobiernos provinciales y municipios.

Nuestra cartografía cultural no debe limitarse a lo que ocurre en los grandes distritos urbanos. Su potencial está, sobre todo, en aquello que sucede en el territorio, en los encuentros con los actores culturales locales, mediante la escucha y el intercambio de experiencias, en la construcción de políticas públicas que representan la diversidad cultural de todas las regiones del país , con un Estado siempre presente y activo.

Finalmente, es bueno recurrir a la etimología de la palabra cultura. “Cultura” viene de “cultivo” y, si bien el sentido fue variando con el tiempo, la ligazón germinal con la tierra y el colectivo siempre está presente. Hoy, más que nunca, en un mundo en guerra, con un planeta castigado y dañado, resulta imprescindible trabajar por una cultura de la paz y el encuentro que contenga en ella las semillas de la vida y trascienda cualquier tipo de fronteras. Tenemos el desafío y casi la obligación de construir herramientas para que la inclusión de los sectores más postergados de la Patria sea la prioridad, con las banderas de la igualdad y la justicia social”.

¿Por qué se celebra el 29 de julio como Día de la Cultura Nacional?

Se conmemora el 29 de julio ya que la fecha coincide con la muerte del escritor, periodista, poeta y ensayista, Ricardo Rojas. Ricardo Rojas nació en Tucumán en 1882. Estudió periodismo en Santiago del Estero y fue profesor de Literatura Castellana, creador de la primera cátedra de Literatura Argentina en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Luego fue Rector de dicha institución durante el gobierno de Hipólito Yrigoyen. Su política estuvo basada en la extensión universitaria y “en su convicción de que es posible llevar a la masa social los conocimientos susceptibles de divulgación y contribuir a la formación de una conciencia e identidad nacional”, descrito desde la Universidad. La presencia de Rojas en las nuevas generaciones argentinas es indudable y fecunda. Como intelectual multifacético marcó el agotamiento del modelo cultural de su generación y postuló una profunda renovación nacional. Ello lo llevó a reivindicar la inserción de la cultura en las provincias del país como requisito de la identidad de la nación.

La casa en que Ricardo Rojas y Julieta Quinteros vivieron durante 29 años -ubicada en Charcas 2837, CABA- se convirtió en museo nacional en 1958. Tras la muerte de Rojas, su esposa transfirió su propiedad al Estado cumpliendo con el deseo de su marido de convertirla en un museo y biblioteca. Rojas invirtió todos sus ahorros y el dinero de múltiples premios que recibió en la construcción de su casa, que realizó junto al arquitecto y urbanista Ángel Guido, siguiendo su teoría “euríndica”, una propuesta estética que reivindica la fusión entre los valores culturales europeos con los de los indigenas americanos prehispanicos

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