“Todos los derechos que hemos adquirido se los debemos a la gente que consideraron loca”

Lo que ocurrió en Londres en la década de los sesenta en la esfera cultural, especialmente musical, marcó varias generaciones posteriores. Ese viaje al pasado, su legado, es la propuesta de “Utopia Avenue” (Literatura Random House), de David Mitchell. El autor, que nos responde desde un rincón de la campiña irlandesa, fue considerado en 2007 una de las cien personas más destacadas del mundo, según la revista Time.

“Utopia Avenue” corresponde, en la novela, al nombre de una banda británica formada por cuatro músicos, liderados por un manager visionario, que se cuelan en la escena psicodélica londinense: Elf es la cantante folk, Dean el bajista, Jasper un virtuoso de la guitarra y Griff la batería de jazz. Juntos tienen el objetivo de dejar una huella musical eterna.

‘Utopia Avenue’ es el nombre de una banda musical británica formada por cuatro músicos y liderada por un manager visionario”

Escritor británico de 53 años, David Mitchell cierra los ojos a menudo, siempre que quiere responder con exactitud a las preguntas. Siente nostalgia de una época que le llegó por delegación. El libro es un homenaje a esos ecos. Los cuatro músicos dan sus primeros pasos en clubes del Soho y de ahí pasan a Top of the Pops. Egos, envidias, drogas, sexo, sueños, en una época inspiradora y transformadora.

En el florecimiento del rock and roll británico a mediados y finales de los sesenta por las calles de la ciudad desfilan mods, hippies, chicas con faldas Mary Quant, chicos con melena y una bohemia tribu de artistas psicodélicos. Un paseo por lugares emblemáticos como el mítico Hotel Chelsea y una banda ficticia que ve su carrera truncada por la muerte prematura de uno de sus miembros.

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David Mitchell, autor de Utopía Avenue

ed. Casa al azar

Retrata una época, los sesenta, en que todos creímos que podíamos cambiar el mundo. ¿Cómo la definiría y por qué no se repararía?

Porque el mundo se resiste a cambiar. Pero da igual: lo importante es que podamos vislumbrar la utopía en el horizonte y dirigirnos hacia ella. Entonces ganas la batalla en las siguientes décadas.

Sin embargo, usted pertenece a una generación más joven. ¿Qué aprendieron ustedes de aquellos visionarios?

En cierto modo, en los sesenta, como ahora, vivías mejor si no eras homosexual ni negro ni rico ni mujer. Pero supieron trasladarnos la necesidad de cambiar eso.

¿Personalmente, qué lección le trasladaron?

La transferencia de conocimiento generacional siempre es algo que me hace dudar. Es profundo y cambia junto a ti. Creo que, personalmente, la gente de los sesenta me enseñó a no ser tan autocomplaciente conmigo mismo. Tengo 53 años y envidio su inocencia, porque creyeron que un nuevo mundo estaba al alcance y actuaron en consecuencia.

La gente de los sesenta me ha enseñado a no ser tan autocomplaciente conmigo mismo. Envidio su inocencia, porque creyeron que un mundo nuevo estaba al alcance”

Un nuevo mundo justo, hoy nos parece naïf.

exacto Si ahora tuviéramos una masa crítica así, ¡lo envidio! Lo que no les envidio es la resaca después de la fiesta. Pero todos los derechos que hemos ido adquiriendo ya fueron en la mente de soñadores, se los debemos a gente que consideraron loca, con ideas descabelladas.

Musicalmente, ¿qué es lo más interesante, lo esencial, que le debemos a la revolución musical de Londres en los sesenta?

El concepto de álbum, el LP como viaje, la narrativa musical creada para hacer nuestra vida más grande… La psicodelia. El deseo de romper formas musicales e inventar otras nuevas que jamás se habían escuchado. Los escritores también innovaron.


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Uno no tenía que ser ni aristócrata ni siquiera tener formación musical para coger una guitarra, llamar a un amigo que tocar la batería, meterte en la casa de alguien con piano o en un garaje a hacer cosas nuevas. ¡Que molaran!

¿Entre los componentes de la banda “Utopia Avenue” con cuál se queda David Mitchell?

Jasper, porque es un soñador. Funciona algo así como un novelista, tiene un interruptor que conecta con el pasado. ¿Es esquizofrénico o, simplemente, tiene esa sensación que todos hemos sentido, la de sentirte atenazado?

De todos los personajes que imaginamos en el decorado que nos proponen, de David Bowie o Francis Bacon a Allen Ginsberg, Leonard Cohen o Janis Joplin… ¿a quién le hubiera gustado conocer?

A todos, por eso introdujo careos. De joven hubiera intentado impresionarles haciendo preguntas profundas sobre su música. Ahora no. Ahora, a Lennon le preguntaría por sus cambios de acordes preferidos, a Bowie, gran lector, por sus escritores, a Leonard Cohen le confesaría su árbol preferido…

De joven les hubiera querido impresionar con preguntas profundas sobre su música. Ahora no. A Lennon le preguntaría por su cambio de acordes preferido, a Bowie (gran lector) por sus escritores, a Cohen le confesaría su árbol preferido…”

¿Una novela tan extensa es lo que tenía en mente cuando empezaron o los personajes estaban tomando su camino por su cuenta?

¡Admiro a esos escritores que escriben corto! Pim, pam. No sé cómo lo hacen, yo no me las apaño. Invento la novela durante un montón de años, tres o cuatro, me documento. Es como cocinar. De golpe encuentras en el armario esa especie exótica que compraste y, zas, la añades.

¿Con qué banda sonora de fondo nos recomendaría leer su libro?

No puedo hacer dos cosas a la vez, soy incapaz. No puedo escuchar y leer, así que propongo el silencio o el ruido que te llega de la calle.

¡Admiro a esos escritores que escriben corto! No sé cómo lo hacen, yo no me las apaño. Invento la novela durante un montón de años…”

Los sesenta también estuvieron llenos de renuncias. Época de muertes por sobredosis, drogas, excesos… ¿la autodestrucción es inherente a la creación?

Diría que por una parte sí, porque nada construye si antes no está derrumbado. Para crear tienes que desmontar primero. Toda creación es recreación. Pero sin pasarse, porque si pasas el límite estás muerto, y muerto no hacer nada. Si te quemas…Yo no he tenido mucha experiencia en el tema drogas pero diría que el arte se hace “a pesar” de las drogas, no gracias a ellas.

Nada construye si antes no está derrumbado”

¿Colección de vinilos?

Con tanto traslado en mi vida los he ido perdiendo por el camino. Debería preguntarle a mi mujer por lo caótico que soy. Tenemos dos hijos y debo encargarme de organizar su día a día, así que escribir cuando pueda. Últimamente, de noche. Pero confieso que hay algo de la edad que sigo añorando, que echo de menos. Es un mundo mucho más rico y orgánico y aterciopelado… Tu taza, tu sofá, tu vinilo, tu libro, ohh ¿ve? Huele bien. Lo analógico, y eso no ocurre con lo digital, es como una brisa que te acompaña. El ruido del mundo queda al fondo. Esos rituales me encantan.

Hay algo en lo analógico que sigo añorando. Es un mundo más rico y orgánico y aterciopelado… Tu taza, tu sofá, tu vinilo, tu libro, ohh ¿ve? Huele bien”

¿Cómo han reaccionado a la novela gente que vivió esa época en primera persona?

En cuanto a fuentes oficiales, nunca leo las criticas ni las entrevistas. Ni pienso en dónde sopla el viento, incluso cuando es favorable. En cuanto a fuentes anónimas, me han escrito personas de los sesenta, especialmente músicos, de los que aprendió cosas nuevas. Detalles del oficio.

“Todas las bandas se separan pero casi todas vuelven a unirse”, escribe. ¿Qué echan en falta: el dinero o la adrenalina?

Puede que las dos cosas, que la vida es cara. Si sus planes de pensiones se enquistan tienen que volver. Pero, por encima de todo, creo que añoran la conexión con el público. En un escenario un músico es un Dios. Incluso sin ser gran músico.

En un escenario un músico es un Dios. Incluso sin ser gran músico”

¿Cuál ha sido el último concierto al que ha ido?

Vivo en la campiña irlandesa, así que la música folk llena los pubs y fui a escuchar a un cantante, John Spillane, con canciones preciosas como “We come in the wind”. Sólo toca la guitarra y tiene acento de corcho. Mucho acento de Corck.

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