Pachamama: celebrar para honrar la vida y la cultura nativa

Desde hace unos años, quizás potenciado por los meses de confinamiento que llevaron a muchos a tener una revisión de nuestra relación con la naturaleza, la celebración de la Pachamama -mañana 1 de agosto- cobra más fuerza y ​​protagonismo en las ciudades.

Y entre esas urbes que empiezan a revalorizar el vínculo también con el medio ambiente, La Plata marca su impronta no sólo por esta nueva tendencia ecologista, sino porque el trabajo de las naciones indígenas acentuadas en la Región desde hace años muestra sus frutos, de la mano de un paulatino cambio cultural que Latinoamérica está manifestando respecto al reconocimiento de los pueblos originarios que fueron diezmados y silenciados durante siglos.

Sí que a diferencia del imaginario social, que ubica a las comunidades aborígenes en zonas rurales o alejadas de las ciudades, los datos oficiales muestran todo lo contrario. Desplazados de sus territorios donde pueden desarrollar sus actividades económico-culturales, muchos de estos pueblos se han ido trasladando a las zonas urbanas en busca de mejores oportunidades.

El último registro del Concejo Provincial de Asuntos Indígenas (CPAI), perteneciente al ministerio de Derechos Humanos bonaerense, indica que hay 18 pueblos originarios divididos en 109 comunidades aborígenes en toda la provincia, de las cuales 71 habitan dentro del Área Metropolitana de Buenos Aires ( AMA).

“Los indígenas vivimos en las ciudades, estamos desterritorializados porque no son nuestras tierras originales. La Región tiene la comunidad Qom en el Barrio Malvinas de La Plata, también está la Guaraní en al zona de Estancia Chica, que está muy bien organizada, son productores y viven en un mismo espacio físico. Hay Kollas y Mapuches que trabajan para recuperar sus raíces. Y los Mocoví, en Berisso, tienen título de propiedad comunitaria, es decir que el Estado reconoce que esos pueblos viven en determinado territorio, y como los pueblos originarios fueron anteriores a la construcción del estado nación, esas tierras les pertenecen. Hay muchas comunidades en la provincia que piden lo mismo”, explica Zulema Enríquez, una licenciada en comunicación social de la comunidad Quechua que reivindica las identidades indígenas. Nació en Salta y en su adolescencia vino a nuestra ciudad porque sus padres, inmigrantes bolivianos, seguían buscando mejores oportunidades y condiciones de vida para sus hijos.

María Ochoa, cacique de la comunidad Kolla Malkawasi de La Plata, autoridad del Concejo Indígena Kolla de Buenos Aires y del Concejo de Comunidades Indígenas de La Plata Berisso y Ensenada dice que en nuestra ciudad viven unas 14 comunidades originarias. Ella es una indígena inmigrante, si se lo piensa occidentalmente. Nació en Pachamama en la provincia de Lima (Perú), vive en nuestra desde hace más de 25 años y en Barrio Hipódromo coordina Wawawasi, una institución dedicada a brindar ayuda social a madres en situación de vulnerabilidad por violencia de género, así como también a cuidar a sus niños en un entorno intercultural para promover y mantener vigente la cultura de los pueblos originarios. Desde allí, esta autoridad está organizando hace varios días lo que será la celebración de la Pachamama local.

“La ceremonia de la Pachamama es para agradecer la reciprocidad que la tierra nos brinda”

El Consejo de Comunidades Indígenas Regional se reunirá mañana en el predio municipal de 56 y 122 para agradecer y pedir a la madre tierra, en una ceremonia a la que se invita, de forma libre y gratuita, a toda la comunidad.

HONRAR LA VIDA

“Nosotros somos comunidades urbanas y nuestro sistema de vida es diferente al de las comunidades rurales, pero mantenemos la unidad, la identidad y el buen vivir. Nos relacionamos con las demás comunidades indígenas por los argumentos en común que tenemos: respeto a la vida, a la madre tierra, al agua, a la tierra y al fuego, que son fundamentos de vida. Frente a eso está la reciprocidad, la ayuda mutua, el sentido de hermandad, el sentido del territorio ancestral en el cual no estaban las repúblicas”, explica María antes de contar cómo y por qué durante agosto, todas las naciones indígenas de América Latina harán honra a la Pachamama.

“La ceremonia es para agradecer la reciprocidad que la tierra nos brinda: alimentos, salud, sabiduría, nos ayuda a vestirnos, ella nos da todo como gran madre protectora. Es un momento de vínculo con ella para fortalecernos, porque le entregamos nuestras preocupaciones. El hombre cava el vientre de la madre tierra para depositar nuestros anhelos y angustias. Se le da de comer, porque el primer plato es para ella, luego comemos nosotros. Luego, mientras se tapa el pozo se hace música y danza. Es un momento de mucha alegría y fortalecimiento positivo, de esperanza. Vamos con vestimenta típica, llevamos caña con ruda y alimentos típicos: pachamanca a la olla, guiso de quinua, maíz tostado, ceviche y la chicha”, explica Ochoa.

Para Zulema, esta fiesta también es muy importante: “mi familia siempre fue muy practicante de las tradiciones, las costumbres y ceremonias, que de chica yo no lo entendía muy bien porque mis compañeras de la escuela no las hacían, pero no lo cuestionaba porque entendía que eran costumbres familiares. Siempre las hice y con el tiempo fui entendiendo que eso que es distinto y diverso forma parte de historias que han sido invisibilizadas históricamente. A mi me ayudó mucho el poder estudiar y el aprender más desde le afuera para saber qué sucede con nuestros pueblos, donde fueron negados, folclorizados sin reivindicar las lenguas y raíces. El reconocimiento de la identidad se hace desde la reivindicación y la lucha. Generacionalmente eso va cambiando, pero es necesario como acto de resistencia a la colonización. Yo por ejemplo no se hablar quechua porque mis padres no quisieron enseñármelo para que no me discriminaran más aún. Esa es la historia de muchas familias. Perdí la lengua pero queda mucho: música, baile, comidas, ceremonias. Eso se continúa para no perder la identidad”.

Las naciones indígenas que habitan nuestro país mantienen distintos reclamos culturales y territoriales con el Estado

María insiste con eso también. “Volver a las raíces es volver a la sabiduría ancestral de la gran madre tierra y el gran padre sol, porque a través de ellos recibimos la sabiduría de la convivencia con los minerales, las plantas, los animales. El conocimiento lo recibimos de ellos que poblaron el territorio antes que nosotros y nos recibimos. En nuestra cultura no se conocía la palabra hambre, ni miseria, ni discriminación. Entre todos nos enseñábamos y compartimos porque veníamos de una cultura del trueque sin dinero. Frente a esta sociedad contaminante que tala los árboles, contamina las aguas y el aire, donde se transgreden nuestras leyes de la naturaleza, volver es valorar la vida del hombre y de todo individuo. No quitarle nada a nadie, queremos armonizar, cuidar, proteger y recuperar todo ese conocimiento que perdemos con la industrialización, como la medicina que sale de la Pachamama y no de un laboratorio que aveces nos enferma en vez de sanar. Nos ponen como ignorantes pero porque no les conviene al capitalismo”.

Este cacique cuenta que su misión es, aunque cueste mucho, fortalecer a las comunidades día a día. “Nosotros como personas mayores, después de los 50 años comenzamos con esa tarea de dejar las semillitas a los más jóvenes, sino lo hacemos, nuestra vida no ha servido”.

Es por eso que buscan seguir con la enseñanza de la lengua, las técnicas de cerámica, tejido, horticultura y danzas. Vendemos nuestras artesanías y damos charlas de nuestras culturas en las escuelas, universidades y lo hacemos de forma gratuita. Aunque el Estado no reconozca nuestro saberes, afrontamos eso con amor. No venimos, nosotros volvemos a caminar el camino de nuestros antepasados ​​para fortalecernos. La mayoría de las mujeres de la comunidad son domésticas, los varones son albañiles, carpinteros, limpian calles. Pero es compleja la inserción laboral, porque hay mucha discriminación. Tenemos jóvenes a quienes le estamos inculcando que estudien en la universidad para que sumen el conocimiento occidental”.

Una vez que la Madre tierra recibe sus “regalos”, las personas pueden comenzar a comer y festejar / EL DIA

CAMINO EN REPARACION

¿Qué van a pedirle mañana a la Pachamama estas comunidades? Probablemente no sólo deseen salud y prosperidad, sino avanzar en las reconquistas de sus derechos, simbólicos, económicos y territoriales, que desde hace siglos se ignoran, y no por desconocimiento, sino avanzar para con un sistema que más que aprender de la naturaleza y los ancestros, los depreda.

“Argentina es uno de los países con mayor legislación conseguida en Latinoamérica respecto a los derechos y reconocimientos de las naciones indígenas, pero hay que poner eso en práctica y que funciona”, subraya Zulema y agrega que “hay una necesidad de una Buenos Aires plurinacional . Hay dos cuestiones básicas de nuestros reclamos. Por un lado las reparaciones históricas que debe hacer el Estado, como lo que tiene que ver con lo político en cuanto al concepto de colonización y romper con el `Ser nacional argentino del crisol de razas europeas´, porque romper con esa narrativa permite revivir en lo simbólico, como fue el cambio del nombre del 12 de octubre, modificando el sentido de la conmemoración. Lo simbólico permite deconstruir lo otro: cambiar la historia, las currículas escolares. Y lo otro tiene que ver con las reparaciones económicas territoriales. Hubo una condena en el juicio por la verdad donde se condena al Estado por genocidio a la comunidad Napalpí en Chaco. Aún quedan cosas por resolver deudas como la territorialidad, aunque esto forma sin precedentes. El relevamiento que se está haciendo a través de una ley que se renueva cada cuatro años, donde se prohíbe desalojar a las comunidades indígenas, lleva mucho trabajo antropológico y cuesta porque consume recursos humanos y económicos. Y lo peor son las amenazas de empresarios y terratenientes que quieren sacarles las tierras a las naciones originarias, más la estigmatización mediática. Esa es una deuda pendiente que hay que resolver”.

“Hay que romper con el `Ser nacional argentino del crisol de razas europeas”, somos más que eso”

También María habla de deudas. “Nosotros queremos sembrar nuestra medicina y se nos niega. Pero viene un equipo de fútbol y le dan un territorio ya nosotros nada. Tampoco podemos ponerle precio a lo que da la madre tierra, todo es para compartir no para vender. Pretendemos la inclusión dentro del gobierno, que hace 500 años que nuestras voces han sido silenciadas, y nos ignoran. Es nuestro derecho participar, existimos, no tenemos que estar en u museo o un laboratorio. Lo que hacemos es para prevalecer nuestra cultura y generaciones. Entregamos nuestro amor para toda la humanidad”.

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