Otro Hamlet es posible: los actores con discapacidad tumban los prejuicios y triunfan en la cartelera teatral | Cultura

La dramaturga y directora peruana Chela de Ferrari, fundadora del prestigioso teatro LaPlaza de Lima, escuchó un día hace cuatro años a uno de los acomodadores de la sala definirse como actor. “Era Jaime Cruz, un joven con síndrome de Down que trabajaba con nosotros. Después de oírle decir eso le invité a un café y nada más terminar la conversación me resultó ganas de hacer un Aldea con el. Lo vi claramente con la corona del príncipe. Y me preguntaba: ¿qué significa la pregunta más famosa de la historia del teatro, ¿ser o no ser?, para personas que difícilmente encuentran espacios donde se las tome en serio”, rememora por teléfono De Ferrari. Poco después el deseo se hizo realidad y el espectáculo resultó, que cuenta con otros siete actores también con síndrome de Down y entreteje sus historias personales con la original de Shakespeare, preparación tal éxito tras su estreno en 2019 que ahora ha emprendido una gira por España estafa una primera parada en Madrid como parte de la programación regular del Centro Dramático Nacional (CDN) desde ayer hasta el domingo y en julio en los festivales Grec de Barcelona, ​​Fresca de Alicante, Mapas de Canarias y Mit de Ribadavia.

No obstante, De Ferrari subraya que para llegar a ese éxito tuvo que superar antes bastantes recelos. “A las primeras funciones no vinieron casi nadie. Yo lo entiendo, hay muchas ideas preconcebidas respecto a este tipo de trabajos. Pero enseguida empezó a correr la boca a boca y se nos llenó la sala”, explica. Jaime Cruz, que además de interpretar la obra participó en el proceso de creación, asegura también por teléfono que siempre quiso ser actor y que en ningún momento flaqueó a pesar de que los ensayos “fueron muy duros”. Y parece tener claro que su futuro está en el escenario: “Quiero seguir haciendo giras por el mundo. Trabajar en television y el cine. ¡Y llegamos a los Óscar!”.

De izquierda a derecha: Anna Marchessi, Emilio Gavira, Carlota Gaviño (arriba), Irene Serrano y Natalia Huarte (abajo), en ‘Supernormales’.Foto: LUZ SORIA

Hace una década hubiera sido impensable que un Aldea como este aspirara a una gira internacional en escenarios y festivales de primer nivel. Tradicionalmente el teatro se ha considerado como una herramienta ocupacional o terapéutica para las personas con discapacidad y en paralelo como vehículo para aumentar su visibilidad dentro de la sociedad, pero nunca con ambiciones artísticas ni muchas menos expectativas comerciales. Eso parece estar cambiando en todo el mundo, incluida España: sin echar las campanas al vuelo y todavía a una distancia de años luz respecto a otros países europeos como el Reino Unido o Francia, puede afirmarse que las artes escénicas españolas son cada vez más permeables a la diversidad tanto en personajes como en temáticas.

Basta observar la cartelera estos días. Además del Aldea de Chela de Ferrari en el CDN, anoche se estrenó en el teatro Akadèmia de Barcelona el espectáculo Els àngels no tenen fills (Los angeles no tienen hijos), interpretado por un elenco mixto de actores con y sin discapacidad. La semana pasada, invitada por la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC), la actriz británica Sara Beer, aquejada del mismo tipo de escoliosis que padeció el rey ricardo iii de inglaterra, se preguntaba en la obra Ricardo III Redux por qué la asociación de la diferencia física con la maldad que estableció Shakespeare en la tragedia que dedicó a ese personaje histórico quedó fijado para la eternidad. Desde mañana hasta el 3 de julio se representará en el escenario del Marquina madrileño el último montaje de la afamada compañía Yllana, campeones de la comedia, también con un reparto mixto. Y es probable que uno de los montajes que más triunfen la próxima temporada sea lectura fácil, adaptación de la novela homónima por la que Cristina Morales ganó el Premio Nacional de Literatura en 2019protagonizada por cuatro hermanas con discapacidad intelectual, que se verá en otoño en el CDN y en primavera en el Lliure de Barcelona bajo la dirección de Alberto San Juan.

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De izquierda a derecha, Marc Buxaderas, Berta Camps y Andrea Álvarez, en 'Els àngels no tenen fills'.
De izquierda a derecha, Marc Buxaderas, Berta Camps y Andrea Álvarez, en ‘Els àngels no tenen fills’.Silvia Poch

Y el público se está llevando sorpresas mayúsculas. Uno de los fenómenos de la temporada que está a punto de terminar ha sido supernormales, una obra de Esther F. Carrodeguas que pone el foco en la sexualidad de las personas con discapacidad y que arrasó tras su estreno el pasado marzo en el CDN con reparto mixto y dirección de Iñaki Rikarte. Ni la propia autora se lo esperaba. “Llevo ya unos cuantos años dedicándome al teatro y nunca me había llegado tanto retorno del público como con Supernormales. Después de cada función siempre recibía en mis redes sociales mensajes de espectadores que me daban las gracias. Algunos por haberles abierto una nueva ventana al mundo. Otros que ya conocían esa ventana, por darle visibilidad. Y otros simplemente impactados porque no imaginaban que podrían pasarlo tan bien viendo un espectáculo de esas características”, recuerda Carrodeguas en conversación telefónica con EL PAÍS.

La obra en cuestión es una comedia gamberra protagonizada por un personaje que se dedica a dar asistencia sexual a personas con discapacidad, lo que da pie a la dramaturga a poner la lupa sobre diversas problemáticas: desde la violación hasta el paternalismo con que se las trata en este sentido, que en muchos casos deriva en la esterilización forzosa. Todo ello desarrollado con grandes dosis de humor negro y deliberada incorrección política que hacen estallar tabúes y consideraciones manidas sobre la cuestión. Posiblemente el impacto que sintió el público viendo la función se pareciera al que la propia autora experimentó hace una década cuando empezó a sumergirse en el universo de la discapacidad al ser invitada a impartir unos talleres de teatro para el colectivo: “Me quedé alucinada de lo poco que sabia. Y descubrí que sus historias eran tan interesantes como materia prima teatral como las de cualquier persona sin discapacidad. O incluso más impactantes por tratarse de realidades en general ignoradas. Eso sí, al abordar esta obra lo primero que me impuse fue no ser paternalista y trabajar simplemente como lo haría con cualquier otra producción”, afirma Carrodeguas. La misma actitud se percibe detrás de la puesta en escena dirigida por Rikarte. Posiblemente ahí radique buena parte del éxito del montaje.

La actriz Sara Beer, en ‘Richard III Redux’. Foto: fotografía panóptica

Una de las intérpretes de supernormales era Anna Marchesi, una actriz catalana con parálisis cerebral que además es guionista y ha trabajado en las series de televisión amar es para siempre y Luimelia. Y no solo es una de las elegidas para formar parte del reparto de la adaptación de lectura fácil que se estrenará en otoño en el CDN, sino que participará también en la serie inspirada en la misma novela que emitirá próximamente la plataforma Movistar Plus+ con el título Facil. Curiosamente no interpreta el mismo papel en ambas versiones, lo que derriba el prejuicio de que un actor con discapacidad solo puede encarnar a personajes de su misma condición. “Ya lo decía una de las protagonistas de Supernormales: lo importante para avanzar en esto no es que haya una Ofelia ciega, sino que una ciega pueda interpretar a Ofelia sin que su ceguera sea una característica representativa del personaje”, apunta Marchesi.

Ese gran salto, según Marchesi, todavía no se ha dado en España. “Hemos avanzado mucho en cuanto a la presencia de personajes y actores con discapacidad en las ficciones. Eso ha hecho que muchas personas dentro y fuera del colectivo tengan cada vez más referencias y se den cuenta de que eso es posible. Me pasó a mí siendo adolescente viendo al langui en la pelicula El truco del manco. Pero todavía falta dar un paso más: que la discapacidad no sea generadora de trama ni se incida en ello en los argumentos”, opina el intérprete y guionista.

Gloria Ramos, en 'Campeones de la comedia'.
Gloria Ramos, en ‘Campeones de la comedia’.

Pero el avance que reconoce Marchesi es evidente y en ello han ayudado iniciativas como el festival Una mirada diferente del cdn, que se presentó de 2013 a 2019 y del que surgieron éxitos como Cáscaras vacías, una obra de Laila Ripoll y Magda Labarga que grababa el asesinato masivo de personas con discapacidad perpetrado por los nazis en la llamada operación T4. Igualmente fue importante el exito de la película campeones, de la que se deriva precisamente el espectáculo campeones de la comedia de Yllana, en el que participan algunos de los actores de aquella película. Sin olvidar la importante contribución del proyecto Escenarios Especialesemprendido en 2006 por la dramaturga y directora catalana claudia cedoque es a la vez escuela y productora de montajes y que en todos estos años ha derribado muchos prejuicios sobre las posibilidades artísticas del teatro inclusivo, además de crear una cantera de intérpretes profesionales de muy diversas características.

Uno de los espectáculos surgidos de ese proyecto es precisamente el estreno anoche en la Akadèmia de Barcelona, Els àngels no tenen fills, que a su vez se deriva de otro que agotó entradas la temporada pasada en el Teatro Nacional de Cataluña, yegua de sucre (Madre de azúcar), que abordó el derecho de las mujeres con discapacidad a ser madres. Cedò entrevistó a tantas personas para escribir aquella obra que decidió hacer una nueva con todo lo que se le había quedado en el tintero, como una especie de haciendo fuera de la primera. El éxito de esta propuesta cuya temática parece en principio muy minoritaria tiene fácil explicación para la autora: “La protagonista es una chica con discapacidad que quiere ser madre, pero es que ese es un sentimiento con el que puede conectar a mucha gente porque es universal. Y en eso incidimos porque ahí se encuentran las raíces de la teatralidad”.

Cedò constata también un gran avance en los últimos años en cuanto a la representación de nuevas y diversas realidades en los escenarios españoles, en paralelo a una progresiva sensibilización de los espectadores. Y se muestra optimista: “Digamos que el tema ha salido del armario, aunque todavía falta camino por recorrer. Que llegue un momento en el que un actor en silla de ruedas pueda interpretar papeles en los que eso no tenga importancia”.

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