La piel que habita el tatuaje

Cuando Concha Piquer cantaba aquello de “Mira mi brazo tatuado / Con este nombre de mujer”, sólo las personas de vidas digamos no convencionales osaban decorar sus cuerpos. Marineros, como el protagonista de esta canción de 1941, soldados, maleantes, presos que llevaban escritos los nombres de sus novias o sus madres, o el dibujo de un corazón tan atravesado por una flecha como lo estaban sus existencias. Para cuando en el 2011 apareció la primera Barbie tatuajes, estos grabados en la piel hacían mucho que habían dejado de ser un distintivo antisocial, y ahora uno de cada dos millenials los lleva.

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Diseño de tatuaje en un prototipo de silicona de Tin-Tin, el tatuador francés más conocido

Museo del Quai Branly

Este es el recorrido en Occidente, pero el tatuaje es un arte o artesanato global, que se ha practicado en todas las sociedades desde las edades antiguas, como deja claro la exposición que ahora llega a Barcelona y que se sirve de una constatación de Charles Darwin : “no podemos mencionar un solo gran país entre las regiones polares, en el norte, y Nueva Zelanda, en el sur, donde los indígenas no se tatúen”. En Europa habíamos dejado de considerarnos indígenas desde hacía muchos siglos, pero esta práctica seguía existiendo, lo había hecho entre celtas, germanos o pictos, como descubrimos con el hombre de hielo, Ötzi, la momia de 5.300 años descubierta en los Alpes y que albergaba 61 tatuajes en su cuerpo, con una función que ahora se cree terapéutica. ¿Qué llevó y lleva aún a los humanos a marcar sus pieles?

Practica casi universal

Charles Darwin dijo: “no podemos mencionar un solo gran país entre las regiones polares, en el norte, y Nueva Zelanda, en el sur, donde los indígenas no se tatúen”.

En contra de lo que habitualmente se piensa, el tatuaje depende más de las estructuras sociales que del paso del tiempo, explica el historiador Luc Renaut en uno de los textos del (imperdible) catálogo. Esta práctica se implementará en Oriente Medio, la baja Nubia o los Balcanes, principalmente entre las mujeres, por atribuirles propiedades mágicas o benefactoras, también para marcar a las esclavas. Servir como distintivo de propiedad, no como ornamento, fue una de las funciones del tatuaje en la antigüedad, igual que los realizados con fines terapéuticos. Y los había también para distinguir a las élites, como las tribus nómadas del Asia central.

Hombre de las islas Marquesas tatuado, una pintura al óleo del siglo XIX en la muestra 'Tattoo.  Arte bajo la piel

Hombre de las islas Marquesas tatuado, una pintura al óleo del siglo XIX

Museo del Quai Branly

Porque atendiendo a las localizaciones geográficas el dibujo de la piel adopta diferentes características en Occidente, las Américas, Polinesia, Medio Oriente y Extremo Oriente. En Occidente esta práctica fue prohibida por la Iglesia; su regreso vino de la mano de las expediciones: el explorador James Cook trajo de los mares del sur en el siglo XVIII la palabra tatuaje a partir de la expresión polinesia tataú que significa golpear . Pronto los marineros se apropiaron de estos tatuajes, los diseños indígenas reemplazaron poco a poco por otros figurativos occidentales, los cuerpos se convirtieron en un diario de viaje en el que se inscribieron las escalas y campañas militares.

la mala vida

En numerosas zonas geográficas y épocas el tatuaje se produjo para marcar a presidiarios, también era una práctica corriente en las prisiones europeas

En Estados Unidos, donde se conocía el diseño en piel de los nativos, fue asumido a lo largo del siglo XIX, tras unos principios en que se reservaba para los gabinetes de curiosidades o los espectáculos de feria, y en 1891 Samuel O’Reilly inventó la primera máquina eléctrica de tatuar. De allí pasó a normalizarse en Gran Bretaña, donde la dama victoriana Lady Randolph Churchill, madre del estadista, se hizo tatuar una serpiente en la muñeca; el zar Nicolás II se tatuó un dragón negro en el brazo también, incluso el arquiduque Francisco Fernando se hizo tatuar una serpiente en la cadera. En la Europa del sur, el tatuaje pasó de los marineros a ser considerado propio de presos y maleantes, como en Francia, donde se endureció entre los legionarios del norte de África, de donde pasó a las prisiones.

Mahsette-Kuiuab, jefe de los indios cree después de una pintura de Karl Bodmer (Foto de © Historical Picture Archive/CORBIS/Corbis vía Getty Images)

Mahsette-Kuiuab, jefe de los indios cree pintado por Karl Bodmer con el torso cubierto de tatuajes

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El grabado en la piel ha ido asociado en muchas culturas al lado oscuro de la sociedad. En el Japón antiguo, los tatuajes servían como ornamento y marca de pertenencia a un grupo, para desaparecer como tales y reaparecer en el periodo Edo entre hombres que trabajaron semidesnudos, como albañiles, bomberos y mensajeros, para desaparecer de nuevo cuando al final de este periodo se reservaron para criminales, que estaban tatuados en la cara y los brazos como parte de su condena. Las marcas en la piel han sido prohibidas y reintroducidas en diferentes periodos de la historia de Japón, que a pesar de ello cuenta con estilos y prácticas variados y reconocidos, aunque en el país aún se sigue asociando a las yakuzas : en muchos trabajos no se aceptan candidatos tatuados.

la polémica

La globalización de los tatuajes ha abierto un debate sobre el apropiacionismo de diseños y prácticas ancestrales, despojándolos de sus valores originales

Otra de las tradiciones mas ricas del tatuaje esta en la Polinesia. En las islas Marquesas se practicaba el patu tiki hasta el siglo XIX, una institucion social a la que debe someterse a los adultos. con la toma de posesión de Francia del archipiélago, y la obligatoriedad del catolicismo, el patu tiki fue prohibido. El daño producido por la aculturación se ha mantenido hasta épocas recientes, en que el tatuaje se ha recuperado como una forma de resistencia e identidad frente al colonialismo que comparten otros pueblos.

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Modelo en silicona de tatuaje de Filip Leu, una de las figuras más reputadas de esta práctica, en la que se inició a los diez años con su padre

Museo del Quai Branly

En Nueva Zelanda, el Ta moko es inseparable de la cultura maorí. Sometidos al mismo proceso de aculturación que otras culturas del Pacífico, conseguir sobrevivir, aunque se ha abierto un debate, el mismo que existe en otras culturas, sobre la apropiación que desde Occidente se está haciendo de estas prácticas, al tiempo que las modifican incluso en su esencia. Por ejemplo, la técnica tradicional del Ta moko es lenta y dolorosa, por lo que ha sido sustituida por otra moderna. Al mismo tiempo, la globalización de este arte choca de frente con su finalidad, que es la pertenencia y respeto a los principios de la tradición maorí.

John Miller, profesor en la universidad de Sheffield y editor de la recopilación Cuentos de tatuajes. Una antología de tinta (1882-1952), publicado por Alba, aporta una buena reflexión: “la idea de que el tatuaje puede ser una cosa profunda y real en una cultura abrumada por lo ilusorio lo convierte en un objeto de consumo ideal. Cada cual quiere ser unico. Por lo tanto, el tatuaje del siglo XXI es una auténtica paradoja y se ha puesto de moda porque es alternativa”.

Tatuaje. arte bajo la piel

COMISARIA: anne Richard. Caixaforum. Barcelona. Del 18 de mayo al 28 de agosto. Con anterioridad pudo verso en CAIXAFORUM Madrid y en el Musée Quai Branly de París

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