La belleza de la semana: “Muerte de la Virgen”, de Caravaggio

“Muerte de la Virgen”, de Caravaggio, en el Louvre
“Muerte de la Virgen”, de Caravaggio, en el Louvre

La vida de Miguel Ángel Merisi da Caravaggio es una de las más apasionantes de la historia del arte, quizás por eso se siguen escribiendo biografías y análisis en los que confluyen su obra como de su vida.

Pendenciero, cercano al clero pero más a las prostitutas, Caravaggio estuvieron solo 38 años, pero fueron tan intensos que hasta la actualidad aún se duda sobre las razones que provocaron su muerte, si fue un asesinato por el encargo de algunos de sus múltiples enemigos o si fue a causa de una fiebre, como se informó en 1610, cuando regresóba a Roma dispuesto a recibir un perdón papal que finalmente lo quitaría del destierro en el que estaba tras un asesinato.

La cuestión es que más allá de su existencia plena de pleitos, encarcelamientos y menosprecios a sus colegas, el pintor nacido en Milán en 1571 realizó una obra sin igual y convirtió al claroscuro en una tendencia tan importante, el tenebrismo, que hasta a los artistas posteriores que vieron en él a su maestro se los llama caravaggistas. Una escuela nacida de la admiración y la copia.

Fue un artista único, provocador, en el que habitaba la más fina de las técnicas junto con la más hereje de las miradas. Un ceador que podía exudar sensualidad o brutalidad con la misma mano; odiado por los clásicos, amado por los jóvenes; ególatra desmedido, pero con sentido de supervivencia como para rehacer las muchas obras que fueron rechazadas

Sus años formativos los realizaron junto al lombardo simone peterzanoalumno de Tizianomáximo referente del estilo veneciano, y en unos de sus tantos viajes -fue casi un nómade, pintó en Roma, Nápoles, Malta y Sicilia- llegó hasta la ciudad de los canales, donde seguramente apreció tanto las obras de los renacentistas Girolamo Savoldo, Girolamo de Bresciauno de los grandes referentes históricos del contraste, como de giorgionea quien se señala como su máxima inspiración, en el mal sentido de la palabra.

En sus inicios, reniega del fresco, que en ese momento era la expresión máxima, a lo que todos querían llegar. Eso es una declaración de principios antipáticos en su época. Este acto es un corte de manga a la tradición, a la imitación a los antiguos. De hecho, realizó solo uno, Júpiter, Neptuno y Plutónque este año salió a la venta dentro de la propiedad que lo alberga, la romana “Villa Aurora” por un precio base de USD 537 millones que nadié pagó.

  Júpiter, Neptuno y Plutón
Júpiter, Neptuno y Plutón

Así lo escribió Juan Pietro Belloriel historiador más importante de los artistas del Barroco italiano en el siglo XVII, en la vite (1672): “Se puso a pintar según su propio genio, no mirando ni siquiera e incluso despreciando los maravillosos mármoles de la Antigüedad y las célebres pinturas de Rafael”.

Caravaggio plagó sus obras santas de herejía, reconfiguró una estética donde reinaban los rasgos renacentistas preciosistas y los volvieron crudos, humanos, solitarios, desesperados: cargó lo sacro de lo mundano. Y entre los muchos cuadros que realizaron esta operación hay uno que vive rodeado de mitos: La muerte de la virgenun óleo sobre lienzo de 1606, que se encuentra en el Museo del Louvre de París.

En la pieza, Carvaggio presenta a una Virgen embarazada, un escándalo para la época y la manera en que la lloran remite a las clases bajas, no hay ahí divinidad suprema, ni rasgos que busquen elevar el momento, solo dolor en un espacio ínfimo. A su alrededor se encuentran María Magdalena y los apóstoles, quienes se muestran compungidos pero que en general se tapan el rostro para expresar su dolor. El artista así rehusa del manierismo y no coloca rostros con particularidades que expresan una gama de sentimientos, sino que todos parecen compartir la misma pesadumbre.

Dibujo del único retrato conocido y aceptado de Caravaggio
Dibujo del único retrato conocido y aceptado de Caravaggio

En este sentido, esta elección marca una diferencia con otras obras manieristas de multitudes, donde suelen ser representadas en el marco de calamidades, descubriendo una diferencia entre lo divino y lo humano, lo bello y lo destinado a la perdición. Caravaggio no hace eso, expresa una cercanía física que es humana, que es sencilla, que está libre de toda ornamentación y moralina. Es una muerte más, que solo se entiende sagrada por el título.

“El fue el primer pintor de la vida como la siente el popolacciola gente de las callejuelas, los sans-culottesel Lumpenproletariadolas clases bajas, los bajos fondos”, escribió el gran escritor británico Juan Berger.

En una de las últimas biografías escritas sobre él, Caravaggio: Una vida profana y sagrada, Andrew Graham Dixon sostiene que la modelo fue Ana Bianchiniuna prostituta en una Roma plagada de cortesanas, una mujer que vivía el día a día en las calles hostiles de una ciudad enorme y poderosa, y que había sido una de sus musas tras su arribo la ciudad.

Dice la leyenda que el cuerpo de la mujer flotaba en el río Tíber cuando alguien dio la voz de alerta, los curiosos se acercaron, que Caravaggio escuchó la noticia, juntó algo de dinero, no se sabe cuánto y no se sabe a quién pagó para que lo trasladasen a su estudio.

¿De qué murió? Tampoco hay respuesta, se cree que se ahogó, o más bien la ahogaron, que sus manos no han sido cortadas por un hachazo, como mandaba la costumbre, denotan que no hubo suicidio.

"Muerta de la Virgen"de Carlos Saraceni en Santa Maria della Scala
“Muerta de la Virgen”, de Carlos Saraceni en Santa Maria della Scala

La obra que fue un encargo de Laerzio Cherubiniun abogado papal, para su capilla en la iglesia carmelita de Santa Maria della Scala, en el Trastevere, Roma, pero fue rechazada y en cambio adquirió una de la misma temática de Carlos Saraceniun pintor barroco que vino en caravaggista.

La obra tenia destino de destruccion pero intervino Pedro Pablo Rubensque la percibió una obra maestra, y que le pidió una Vicente Gonzaga, duque de Mantua, que la adquiera. Así, por 300 ducados sobrevivió, luego fue adquirido por carlos yo de Inglaterra, posteriormente por el banquero Everhard Jabach y, mediante adquisición en 1671, llegó al rey Luis XIV de Francia.

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