hora de pagar en la justicia y revisar la cultura interna

Los reporteros gráficos patricio rodriguez-Delaware RÍO NEGRO– y federico sotoy la trabajadora municipal elena cabezas no estan muertos de milagro. Otras personas (militantes, vecinos, turistas) podrían haber corrido igual destino. Así y todo, Elena quedó severamente herida, impactada por una bala en la cadera. Se repone, pero se evaluó su intervención quirúrgica.

La bestial acción del patotero Pedro Jofré, pistola en mano, disparando a mansalva en pleno centro de San Martín de los Andes, nos ha dejado azorados por su la impunidad, para la cual la protección sindical y la inacción policial han sido determinantes.

Jofré corría tiroteando a la multitud, pero particularmente apuntó y disparó al divisar la cámara y el trabajo de los periodistas que cubrían la trifulca.

carlos quintriqueo es el principal -no único- dirigente que deberá explicar cómo se demostró desde su vertiente gremial que haya un violento como Jofré, “calzando” un revólver y dirimiendo con él disputas pendencieras de COMIÓ; decidiendo las vidas de las personas.

A la Justicia, a las víctimas, al gremio ya los ciudadanos Quintriqueo deberá explicarles por qué se los ha transportado -a él ya otros sujetos- desde Neuquén a la ciudad turística y con qué multas. Por qué se protegió a Jofré (desde su llegada hasta su regreso a Neuquén en calidad de prófugo). Y, por si fuera poco, por qué lo justificó. Cuando todo el país ya había visto las impactantes fotos de Jofré apuntando y disparando contra los periodistas y los videos corriendo mientras tiroteaba a los militantes ya quien se le cruzara, Quintriqueo dijo: “Lo único que hizo fue defender a las mujeres que estaban siendo agredidas”. Huelgan comentarios.

Otros responsables también adeudan explicaciones precisas acerca del origen de la pelea sindical nacida de un simple reclamo por aguinaldo de una trabajadora y que desembocó en tan temeraria acción: los líderes locales y provinciales tanto de la lista verde y blancacomo los de la Verde Anusate. Son las facciones contendientes. Todos ellos esgrimieron enérgicas condenas por lo sucedido, pero se echaron recíprocas culpas. No dijeron convincentemente por qué la violencia anidó en ambas facciones, con palos, piedras y puños, dejando no pocos lesionados. El módico argumento del “derecho” de listas vencedoras versus el “resentimiento” de sus opositores no puede ser considerado a la luz de esta barbarie.

Dirigentes politicos-locales y provinciales– debe despejar toda duda de que son ajenos a estos patoteros.

Y la policía deberá explicar su inoperancia: por qué no previó un escenario violento, frente a la dimensión de los movilizados y los ánimos beligerantes visibles en ambos grupos. Y por qué no detuvo inmediatamente a Jofré, quien ya había arrojado el arma tras su huida, y permitió que estuviera prófugo unas cuantas horas. ¿Zona liberada? -como dijo rodolfo aguiar- o pasividad y torpeza?

Remarcamos: Jofré -pistola en mano- ha sido el ejecutor más extremo de la barbarie. Pero su impunidad tiene el sello y amparo de los papas sindicales. Y quienes blanquearon palos y piedras y produjeron destrozos dentro y fuera de la Municipalidad también tienen en sus dirigentes a sus responsables.

Según se sabe, este pistolero no era un desconocido. Trabajó en el gobierno provincial hasta hace pocos meses y hay fotos que lo muestran posando con Quintriqueo y otros caciques de ATE. Se lo señala como custodio del propio dirigente.

La Justicia deberá actuar con todo rigor. Pruebas y testimonios sobran. Deberán pagar Jofré, sus patrocinadores sindicales o políticos, y los demás vándalos.

Al mismo tiempo, la dirección sindical y la política necesitan reevaluar su calidad institucional. Plantearse severamente en su interior por qué profesan el culto de la violencia. Por qué en un país que se precia de democrático y donde debería regir el imperio del derecho, hay facciones que dirimen conflictos con la prepotencia, el patoterismo y el desprecio del diálogo. Hemos tenido suficientes antecedentes que -por su magnitud- deberían haber sido a esta altura aleccionadores; en particular en la región el ataque del grupo de miguel baez al diario RÍO NEGRO.

Por el contrario, los dirigentes gremiales deberían ser promotores clave en el destierro de las patotas de sus filas e impedir un corporativo que implique un perfil de estatus de privilegio y los habilite a ejercer coacción, presión e imposición de políticas, como muchos aún hacen hoy.

Ese Nunca Más debería ya alcanzarlos, de otro modo los violentos siempre tendrán vía libre e impunidad.


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