“Hay que reivindicar la jota como un fenómeno cultural total”

Todo surge de una curiosidad relacionada con su ámbito académico: «Era consciente de que había jotas en la tradición clásica de grandes compositores del siglo XIX como Glinka, Liszt y Mahler, pero ninguno de ellos había visitado Aragón. ¿Entonces de dónde vendrá esta conexión?». A partir de ahí, Marta Vela encontró, tal y como cuenta ella, «un hilillo conductor y el origen de las jotas que han pululado en la música académica del siglo XIX».

Desde ahí, surgió su libro La jota, aragonesa y cosmopolita. De San Petersburgo a Nueva York (Pregunta Ediciones con apoyo del Gobierno de Aragón), que este sábado (18.00 horas) presenta en el Conservatorio Superior de Música de Aragón en un acto especial. En él, la autora conversará con la periodista Sara Comín y el escritor Miguel Ángel Yusta (autor del prólogo) y, posteriormente, se celebrará un concierto con obras de Florencio Lahoz, Manuel de Falla, Franz Liszt, Pauline Viardot-García, Tomás Bretón … un cargo de Esmeralda Jiménez, soprano; Susana Cabrero, mezzosoprano; Ignacio Prieto, tenor; Alberto Menjón, piano; bajo la dirección musical de Marta Vela.

Número emocionante y virtuoso

«Por supuesto que la jota folclórica es muy importante pero –reflexiona la pianista, escritora y docente– si se reivindica que es Bien Inmaterial de la Humanidad, no tiene sentido si fuera una cosa muy reducida y del ámbito rural. Precisamente, porque la jota aragonesa viajó durante el siglo XIX de San Petersburgo a Nueva York y la conoció, la apreciaron y la consideraron un número virtuoso y emocionante en muchos lugares de Europa, habrá que reivindicarla a nivel internacional», dice con rotundidad una autora que defiende también el carácter integrador de esta jota: «El libro está lleno de ejemplos de ese europeísmo que ha llevado en sí la jota y otros elementos culturales del siglo XIX, por ejemplo, la ópera italiana. Una persona que viajara en la Europa del XIX de unos paises a otros se iba a ver reconocida y reconfortada con algo conocido. Daba igual el lugar recóndito en el que estuviera que siempre iba a haber música italiana y música exótica. Y esta exótica estaba representada básicamente por la jota aragonesa y otros números del folclore español como, por ejemplo, la habanera».

«El libro está lleno de ejemplos de ese europeísmo que ha llevado la jota y otros elementos culturales»


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Y es por eso, entre otras cosas, por lo que Marta Vela cree que «hay que empezar a sacar ciertas cosas que han pasado y ahora no las grabamos. El hilo de toda esta expansión de la jota por el mundo en el siglo XIX viene de un compositor aragonés que lo tenemos con dos kilos de polvo encima, que es Florencio Lahoz, de Alagón. Él fue el primero que empezó a hacer esa melodía que los músicos extranjeros a su llegada a España escuchan y por la que se sintieron muy atraídos. La empiezan a arreglar ya hacer versiones, sale en canto, en ballet, en música sinfónica y se extiende por todo el mundo. Hay que reivindicar los orígenes de su expansión, tanto en Lahoz como en Pauline Viardot-García que fue su verdadero difusor desde París».

“Tiene unas grandes posibilidades de instrumentación y orquestación, eso les volvió locos”


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Pero, ¿qué es lo que les atrajo de la jota a todos esos compositores? «Creo que tiene varios elementos que la hace inconfundible, el ritmo de danza que siempre es ternario y, en segundo lugar, que creo que es lo que a los compositores del XIX les volvieron locos, y es que tiene unas grandes posibilidades de instrumentación y orquestación. Era un tipo de manifestación musical muy versátil».

Con respecto a la candidatura a Bien Inmaterial de la Humanidad, Vela también tiene claro que no hay quedarse a medio camino: «Hay que reivindicarla como un fenómeno cultural total, no solo que cada uno reivindicar su parte y su parcela. Hay que reivindicar la jota pero la jota entera, la folclórica, la cosmopolita, todo tipo de manifestaciones que es lo que la hacen un fenómeno cultural muy complejo y por eso estamos en este brete de que se puede reivindicar en España y en el resto del mundo», concluye.

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