Gaspar Noé: “Ya no le tengo miedo a la muerte” | Cultura

Con su segunda película, Irreversible (2002), cuyo motor narrativo era la violación, se mostró en una secuencia de nueve minutos, del personaje de Monica Bellucci, gaspar noe ya anunció que su carrera no se iría por las ramas del cine evasivo o de temáticas amables. El bonaerense, hijo del pintor Luis Felipe Noé, devino es niño terrible francés —vive en Francia desde su época de estudiante—, y ha ido acumulando títulos como Entrar en el vacío (donde se ríe de la reencarnación), Amor (porno con eyaculación en 3D) o Clímax (nunca una fiesta pastillera fue rodada mejor). A sus 58 años estrena el próximo viernes en España Vórtice, su séptimo largo, los últimos días de una pareja de ancianos encerrados en un piso parisiense anegado de libros, recuerdos y medicinas. Mientras él, un crítico de cine de la vieja escuela, quiere rematar un último libro (le da vida el maestro del terror Dario Argento), ella (interpretada por la mítica actriz francesa Françoise Lebrun, protagonista de La mamá y la puta) Empieza a perderse en la marejada de la demencia senil. Y el hijo de ambos bastante tiene con estabilizar a flote huyendo de las drogas.

Noé habla de forma queda e ininterrumpida. La charla acontece en una de sus numerosas visitas a España (“En cuanto me invitan, vengo”, se excusa con sonrisa), y no duda en sumergirse en sus dolores personales, los que han conformado Vórtice: las demencias seniles de su madre, su abuela y su suegra, y su derrame cerebral.

Pregunta. ¿Ha reflexionado sobre su propia muerte?

Respuesta. La he visto demasiado de cerca. Mi madre murió en mis brazos hace nueve años. Cuando alguien sufre mucho, la muerte es el momento de su liberación. Para esa persona, y para su familia. Volvió la paz. Y meses antes vi la contracara de esta situación, cuando sufrí un derrame cerebral. Al entrar en el hospital me dijeron que tenía una posibilidad sobre seis de morir. Y pasados ​​los cuatro días, había otro 35% de posibilidades de que falleciera. Salí indemne, como el 15% de las personas que lo sufren, y tras tres semanas de morfina, cables y cuidados, volví a casa a hacer reposo. Dos meses más tarde, llegó el confinamiento mundial, que a mí me pilló en reposo por prescripción médica, viendo películas de Mizoguchi… Por este recorrido, hoy ya no le tengo miedo a la muerte.

PAGS. ¿Hubo algo que le aferró a la vida?

R. ¿Sabes qué me mantuvo vivo? El jaleo que tengo con mis colecciones de libros, afiches… No podia dejar eso asi a otras personas. Y pensé en mi padre, que está muy mayor, y le destrozaría la vida muriéndome antes que él. Yo estaba cansado, me quería dejar ir, mi cerebro retumbaba con explosiones volcánicas… Pero pensé en el lío que dejaba atrás.

Imagen de 'Vortex', con Dario Argento, Alex Lutz (que encarna al hijo) y Françoise Lebrun.
Imagen de ‘Vortex’, con Dario Argento, Alex Lutz (que encarna al hijo) y Françoise Lebrun.

PAGS. ¿La muerte ha sido bien retratada en el cine?

r No mucho. Desde luego, sí en el cine japonés, que ha mostrado muy bien la vejez, como en La balada de Narayama, en la versión de 1958 de Kinoshita. Y el alzhéimer menos aún. Me impresionó lejos de ella, de Sarah Polley, con una tristísima secuencia sexual. En la vida, no recuerdo haber asistido a ningún entierro. Ahora todo es incineración, cenizas que vuelan. No queda nada.

Mi madre murió en mis brazos hace ocho años. Cuando alguien sufre mucho, la muerte es el momento de su liberación. Para esa persona, y para su familia”

PAGS. ¿Pensó en la visión del alzhéimer de Amor, de Michael Haneke?

r Por supuesto. Es estupendo, pero también muy estático. Yo busqué un estilo más documental. Escribí una guía de 10 páginas, y sencillamente puse a los actores en situación. E improvisaron. A mí me gusta ese trabajo colectivo. Si no, haría cómics. En esa casa intestino, un piso alargado con techos bajos y todas las paredes cubiertas de estantes al que atraviesan el vórtice de la senilidad, rodamos entre confinamientos en 2020. Y eso aportó una sensación de premura.

PAGS. es Vórtice Dibuja a toda una generación de cinéfilos.

r El piso es un decorado. Sin embargo, los libros, los carteles, los afiches, no. Muchos son míos. Pensé en la generación de mi padre, incluso en la de Darío Argento, que tenían entre veinte y treinta años en la década de los sesenta. Intelectuales de izquierdas, los de Mayo del 68, para quienes los libros son como amigos con quienes comparten la casa y que te ayudan a vivir. Para ellos, las fotos son testimonios necesarios. No sé cómo será la casa de una pareja de ancianos dentro de cuarenta años. No se compran libros, no se imprimen fotos… ¿Cómo serán esos hogares sin objetos personales? Puedes guardar 20.000 fotos dentro de tu móvil, pero fuera de él no hay nada.

Gaspar Noé, en el rodaje de 'Clímax'.
Gaspar Noé, en el rodaje de ‘Clímax’.

PAGS. Ya había trabajado con la pantalla partida en largometrajes anteriores. ¿Por qué repetir?

r Por su sencillez. Todo el cine es conceptual, en la vida no existe plano contraplano, solo tu punto de vista, pero dentro del lenguaje cinematográfico la pantalla partida es sencilla. Apoya el concepto de la película, de matrimonio que a veces está junto ya veces separado. Sinceramente, no creo que fuera a funcionar tan bien. De repente, el poder mostrar en pantalla el vacío que deja la muerte de alguien subrayar que la existencia es la suma de los puntos de vista que constituyen un momento, una realidad.

PAGS. Al crítico parece importarle la obra que quedará tras su muerte. ¿Y a usted?

r [risas] A mí me recordarán por Irreversible, eso tiene poco arreglo.

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