El Papa asegura en Canad que no hay ninguna cultura superior a otra

(Aica/InfoCatlica) El pontfice reflexion sobre la alegra del ministerio al cumplir la misin de apacentar el rebao, y record que la Iglesia est llamada a testimoniar en la evangelizacin. Para ello invit a los ministros a tener una mirada que discierne, para superar el secularismo asumiendo tres desafos: dar a conocer a Jess, el testimonio y la fraternidad.

Como testimonio de referencia para la Iglesia en Canadá, el Papa record a San Francisco de Laval, primer obispo de Quebec, quien en su tiempo vivi cerca en la caridad a los miembros de las poblaciones indígenas.

Mientras estamos aqu reunidos dijo el Papa- como Pueblo de Dios, recordemos que Jess es el Pastor de nuestra vida, que cuida de nosotros porque nos ama verdaderamente. A nosotros, pastores de la Iglesia, se nos pide esa misma generosidad para apacentar el rebao, para que pueda manifestarse la solicitud de Jess por todos y su compasin por las heridas de cada uno.

Francisco les hizo un llamado a estar cerca del Pueblo de Dios, no como religiosos asalariados o funcionarios de lo sagrado, sino con corazón de pastores, con entusiasmo, y sintiendo la cerna del Buen Pastor para cumplir esta tarea y vivir la alegría del ministerio y , antes an, la alegría de la fe.

Asimismo, advirti sobre la secularizacin que amenaza esa alegra, que desde hace tiempo ha transformado el estilo de vida de las mujeres y de los hombres de hoy, dejando a Dios casi en el trasfondo, como desaparecido del horizonte.

El pontífice manifiesta que ante esta realidad que vive el mundo hay dos miradas posibles: mirada negativa y la otra mirada que discierne.

Si nos detenemos en una mirada negativa, acabaremos por negar la encarnación porque, ms que encarnarnos en la realidad, huiremos de ella. Nos cerraremos en nosotros mismos, lloraremos nuestras prdidas, nos lamentaremos continuamente y caeremos en la tristeza y en el pesimismo, que nunca vienen de Dios, expres el Papa.

En cambio estamos llamados a tener una mirada semejante a la de Dios, que sabe distinguir el bien y se obstina en buscarlo, en verlo y en alimentarlo, sostenido.

As el Papa los exhort a anunciar el Evangelio para dar a los hombres ya las mujeres de hoy la alegra de la fe, teniendo una mirada que discierne.

Francisco les dej tres desafos a los ministros y agentes de pastoral en Canad, para trabajar en esta tarea particular de la Iglesia y enumerar:

Volver al primer anuncio. Es necesario encontrar nuevos caminos para anunciar el corazn del Evangelio a cuantos todava no han encontrado a Cristo. Eso presupone una creatividad pastoral para llegar a las personas donde viven, descubriendo ocasiones de escucha, dilogo y de encuentro, puntualiz.

El Papa insisti en reiterar la peticin de perdn por el mal que hizo algunos cristianos a las poblaciones indgenas y por los abusos sexuales a menores, invitndolos a dar testimonio de nuevos caminos:

El Evangelio se anuncia de modo eficaz cuando la vida es la que habla, la que revela esa libertad que hace libres a los dems, esa compasin que no pide nada a cambio, esa misericordia que habla de Cristo sin palabras.

La comunidad cristiana no se deja contaminar nunca más por la idea de que existe una cultura superior a otras y que es legítimo usar medios de cooperación contra los demócratas. Recuperemos el ardor de vuestro primer obispo, san Francisco de Laval, ejemplic.

Finalmente les pidi vivir la fraternidad cristiana, ya que la Iglesia ser testigo creble del Evangelio cuando sus miembros vivan ms la comunin, creando ocasiones y espacios para que quienes se acerquen a la fe encuentren una comunidad acogedora.

El Obispo de Roma tambin les indica que estos desafos slo podemos llevars adelante con la fuerza del Espritu, que siempre debemos invocar en la oracin.

El Santo Padre junto con los obispos, sacerdotes, consagrados, y agentes de pastoral, dirigieron esta oración a San Francisco de Laval:

T fuiste el hombre del compartir, visitando a los enfermos, aprovechando a los pobres, combatiendo por la dignidad de los pueblos originarios, sosteniendo a los misioneros cansados, siempre pronto a tender la mano a los que estaban peor que t. Cuntas veces tus proyectos fueron destrozados, pero siempre, t los pusiste de nuevo en pie. T habas entendido que la obra de Dios no es de piedra, y que, en esta tierra de desnimo, era necesario un constructor de esperanza.

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