Culturas y sociedades | MurciaEconomía: El periódico económico regional

La antropología indica que cada sociedad pasa por un proceso similar a la hora de desarrollarse y sentar las bases de su civilización. El término sociedad designa un tipo particular de grupos de individuos, tanto en los humanos como entre algunos animales. La sociedad construye patrones de comportamientos que se reconocen como normas sociales. En muchos casos consisten en personas que se rigen por sus afinidades, se aceptan y se asimilan dentro de unas normas en las que se basan infraestructuras económicas, sociales, culturales. El término sociedad viene del latín “societa” derivado de “socius”, que se traduce en “aliado”, “compañero”. Un rasgo central en el que la definición de sociedad tiene mucho que ver con la cooperación, es decir, con estar en el mismo bando.

Existen leyes naturales racionales incorporadas y aceptadas en civilizaciones y sociedades muy dispares, como el respeto a la vida, a las leyes de la naturaleza. Porque el derecho natural es una doctrina ética y jurídica que postula la existencia de derechos universales. Es el fundamento de toda ley humana que apoya y ordena al hombre a vivir en sociedad con unos valores morales sujetos a un bien comunitario; una predisposición de la persona hacia un comportamiento básico donde dar prioridad a la libertad, la verdad, la justicia y la solidaridad.

Vivir de este modo tan pacífico no tiene sentido en nuestros días. Los gigantes que acechan los cambios con el afán de conseguir dominar la economía y el éxito han alterado el respeto a esas leyes que parecen justas y equilibradas; encantadoras como la historia que nos cuenta la película de 1946 “Qué bello es vivir” de Frank Capra, donde el simpático personaje protagonizado por James Stewart, mantiene un pequeño banco familiar a pesar de los intentos de un poderoso banquero por arruinarlo.

En la actualidad las sociedades han cambiado mucho. Se podría decir que el conocimiento ha puesto las bases para una evolución y entendimiento del mundo que evoluciona vertiginosamente: los desafíos, los descubrimientos, la ciencia, la tecnología hacen variar las leyes naturales. Si se piensa con la mirada puesta en el siglo XXI, la naturaleza con todos sus elementos, agua, tierra, fuego y aire y todos los organismos que derivan de ella, han sido modificados por el hombre hasta extremos que plantean graves dificultades.

Es posible que todo este desequilibrio haya tenido que ocurrir porque la inteligencia del hombre, sin tener en cuenta lo que iría ocurriendo ha demostrado que puede alcanzar cimas disparatadas. Este mundo y sus posibilidades deberían entenderlo mejor, pero sucede que no es así porque no tiene sentido acumular descubrimientos que cada día causan más trastornos, que nos incapacitan para resolver la vida presente, y mientras, se va acelerando un futuro incierto, con la necesidad de ir construyendo la historia de los pueblos que se ha sostenido con mecanismos de memoria y confianza, de creencias verdaderas donde se ha ido desarrollando la cultura universal. La diferencia entre la cultura del pasado y el entretenimiento de ahora -como dice Vargas Llosa en su ensayo “La civilización del espectáculo”- está en que los productos de entonces pretendían trascender el tiempo presente, durar, seguir vivos en las generaciones futuras, en tanto que los productos de hoy son fabricados para ser consumidos al instante y desaparecer.

¿A qué se debe esto? Tengo la impresión de que todo es más amplio, efímero, frívolo; una emancipación de lo que perdura, pues siempre se sucederán otros argumentos que retarán a los anteriores y otros después, y ya no quedará nada, o se volverá a empezar de nuevo, con la idea de superar algo de lo que se ha extinguido.

Los atributos que distinguen a una sociedad están protegidas por la cultura que ha ido evolucionando con su progreso, valores y características comunes. Un cúmulo de distinciones propias en los que se encuentra el alma de sus habitantes. Y como nos dice Nacho Albert:

Sin más, el camino hecho

-porque el camino era curtirme la piel de urgencias-.

Poco hecho, vuelta y vuelta, la suerte echada, dormida profundamente.

¡¡Hasta la semana que viene!!

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