Alta fidelidad. Si Evita viviera sería… ¿Rolling Stone?

“Eva te amo”. La frase y un corazón más o menos ovalado, de trazo negro, se superponen en el afiche que promociona el estreno de Santa Evita, la miniserie producida por Salma Hayek, basada en la novela de Tomás Eloy Martínez que contó el derrotero del cadáver de la mujer que pasó del radioteatro y el cine a la política. Y también a una forma de inmortalidad que bascula entre la realidad (la apropiación de su acción y legado) y la ficción (el intento de volver a contarla: de Copi a Madonna, Nicola Costantino y esta novela, la más traducida de un autor argentino en todo el mundo). ¿Pero a quién le declaró su amor aquel o aquel que vandalizó el afiche sobre la antigua calle Parral? Porque la que se ve en la imagen no es Eva Duarte de Perón sino Natalia Oreiro, acaso en su más riesgosa y precisa encarnación. Es que en el mito de Evita realidad y ficcion se confunden desde aquel retrato claroscuro What Ana María Heinrich le hizo para la tapa de la revista Ondania en julio de 1944. En esa expresión quedó grabada el futuro que Beatriz Sarlo explicaría en su ensayo La Pasión y la Excepción (2004): “Eva no fue una actriz hecha política. Fue más bien alguien que no podía ser actriz por algunas razones que la entronizaron en la cima del régimen peronista. Lo que era insuficiente e inadecuado en el mundo del espectáculo valió como una posición rara y sorprendente en el mundo de la política”

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Como un disparo de marketing al centro del corazón, la plataforma Star + estrenó la miniserie este martes en coincidencia con los setenta años de la muerte de Evita. Ese mismo día volvió a cruzarse realidad y ficción; mito y militancia: streaming y marcha de antorchas replicando el masivo y angustiante adiós del pueblo que la idolatraba como a una Blancanieves de posguerra. Pero al lanzamiento se le coló un invitado. miguel felipe Jagger, Mick, nacido el 26 de julio de 1943 cumplió ese mismo día sus 79 años de insólita juventud dejándose ver aquí y allá en una gira llamada Sixty con los Rolling Stones (sin Charlie Watts). Un día dedicándole “Miss You” a sus fans argentinas, otro desechando el regalo de una bandera celeste y blanca cual trapo. El muro de Facebook, intangible, dejaba registro de esta coincidencia. El usuario Jorge Flores recordaba la visita de Jagger al cementerio de La Recoleta, allí donde a cinco metros bajo tierra descansan los restos de Eva desde 1974. Escribió que en 2016, último show de los Stones en el país que los convirtieron en subcultura, visitó sin custodia el sector 17 de la necrópolis donde se encuentra la estatua de Liliana Crociati de Szaszak junto a su perro Sabú (¡como aquel Sandro de mesa de saldos!) al que se cree que tocarlo trae la suerte. Crociati murió en 1970 a los 26 años sepultada por un alud de nieve en Insbruck y su historia fue tapa de este mismo diario y dio la vuelta al mundo. Según ese mismo relato, Jagger fue directo al mausoleo donde se encuentran la joven y su perro eternizados en bronce, neogóticos. ¿Y Eva? Quizás haya visto el musical original de Tim Rice y Andrew Lloyd Weber y hasta es posible que a sus primeros nueve años haya leído sobre su muerte en alguna página del Estándar de la tarde, quien sabe. La foto peronista de los Stones es con Carlos Menem en febrero de 1995 cuyo traje y pantalón amarillos restallantes lo depositan como el quinto stone, el Bill Wyman de Trabajo sucio que dejó el grupo en los 90. El mismo al que Madonna sedujo, un año después, para poder disponer de comodidades oficiales en el rodaje de Evita (Alan Parker). Simpatía por el diablo (de la fama).

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Evita murió el mismo día que Jagger nació con diez años de diferencia. Y los descamisados ​​que pasaron de obreros industriales a desocupados crónicos tuvieron su correlato pop en la subcultura stone, que pasaron de la Galería del Este a los suburbios más profundos del país (de los “firestones” de los 70 a los “rollingas” de los 90). Algo de aquello que Sarlo escribió sobre Eva resuena en las observaciones que Norman Mailer hizo de Jagger rescatadas en el muro de Facebook del usuario Oscar Castro el día 26 (la edad en la que murió Crociati, suerte de “Lady Jane” necro). “Hay algo de insatisfactorio en Mick Jagger. Siempre promete más de lo que da (…) Por allí están todos esos maullidos, todas esas amenazas a medida, todas esas amargas maldiciones resonando al fondo, toda esa sensación de desorden, como si por allí anduviera una madre con los nervios rotos buscando el cepillo para peinarse (…) Y con ese ritmo febril se puede hacer cualquier cosa: se puede soñar con el alzamiento del Tercer Mundo, con la sublevación de África (…) Si Jagger hubiera sido escritor, hubiera sido de los mejores. Pero esa maravillosa cualidad no se transparente tanto en la letra como en el conjunto total de sonido, en el estrépito de la banda. Y, especialmente, en la voz inigualable de Jagger”.

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Una novela sobre la vida de un cadáver que se hace miniserie y un afiche con una actriz que ocupa el lugar de otra convertida en mito (de la cultura y la política), todavía entre nosotros. Y alguien que va y, siguiendo la voz del estrépito, lo pinta de negro. Evita: capitana, montonera, piquetera, ¿Rolling Stone?

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