Alejandra Endler: “Le tenemos terror al llanto, porque nos angustia”

alejandra endler
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es dejame llorar tres amigos van todos los años a pescar. Toman cerveza, fuman marihuana, hablan de sus parejas, duermen en carpa, compiten, discuten. Hacen todo lo que no tienen permitido en la ciudad. Este año, un temporal extraordinario les deja una sorpresa: una criatura mágica, medio humano, medio pez. A raíz de esto, cada uno va a ir transitando y deconstruyendo tanto su relación con la paternidad como con su masculinidad.

A propósito de la obra Infobae Cultura dialogó con su director, alejandra endler. Además de dejame llorardirigido Crece a lo lejos un canto y Ungüento de campo. Ganó la primera mención en el concurso de dramaturgia “Roberto Arlt” y participó como actriz del Laboratorio de Creación I UNSAM-TNC. Además de Endler, en la obra participante Laureno Lozano, Federico Falasco, Luciano Kazer (elenco), miguel patiño (coreografía), Lucía Feijoo (luces), Victoria Bossio Chacon (escenografía), paula vargas (diseño sonoro).

“Déjame llorar”
“Déjame llorar”

—¿Por qué dejame llorar?

—La escritura de la obra sucedió mientras yo atravesaba el puerperio. Era yo la que no paraba de llorar. Es algo muy referenciado en la maternidad, el llanto y los bebes. Me salía diciendo a mi hijo “no llores”. Le tenemos terror al llanto, porque nos angustia. gabo ferro decía: “Por qué no llorás un poco, vos que vas bailando tanto”. Un poco hace referencia también al “Los niños no lloran”. En vez de decir “también los hombres lloran”, es un “déjenlo llorar”.

—¿Qué tipo de masculinidades representa cada personaje?

—Está el abogado, Cabeza (Lozano), que representa la masculinidad más evidente: la ley, el orden, es quien baja las reglas y la sabiduría y resuelve. Después está el Topo (Kaczer), el que siempre tiene una respuesta, sabe qué decir. Se desenvuelve sin miedo. Y Pingu (Falasco) es la masculinidad más posmoderna, se está intentando deconstruir pero sigue queriendo pertenecer al grupo de varones. Mientras transcurre la obra, se van mezclando. Trabajamos mucho con judith mayordomo, para no pensar en hombres y mujeres exclusivamente. El bebé no es ni un niño ni una niña, es más una criatura. Es una idea de las nuevas generaciones, en donde no importan tanto los géneros.

—Que sea un niñe dialoga mucho con la época, también.

—Butler, es Deshacer el género, dice que tenemos que aprender a vivir y abrazar la destrucción, en aras de un mundo más amplio y menos violento, sin saber bien qué forma va a tomar la humanidad. Tenemos que estar abiertos a las cambiadas, en el nombre de la no violencia. Para mí es una fuente de inspiración absoluta.

“Déjame llorar”
“Déjame llorar”

—Dentro de la obra se produce un cambio evidente: primero es Pingu el que llora y los otros dos salen a decir que pare. Después están los tres llorando, y está todo bien.

—Para mí la obra no habla solo de la paternidad y la maternidad. Hay algo en las primeras infancias que permite que expresemos nuestras expresiones genuinas, sin que la cultura nos reprima eso. La cultura nos va formando como hombres y mujeres bien tallados.

—Cabeza dice en un momento: “Niñera resuelve todo”. ¿Cómo están representadas las mujeres?

—La referencia está todo el tiempo, y refuerza los estereotipos. La imagen dentro de la masculinidad, el lugar de la mujer, es el de alguien hinchapelotas, que los vuelve locos. La novia de Pingu es vegetariana y no quiere tener un hijo. El problema es de ella para los varones. Por otro lado, en relación a la niñera, es el personaje de Cabeza el que necesita decir que es buen padre. Pone a su pareja como en un lugar de crítica de su vida laboral, como si eso fuera premiado. Ser padre no es una hazaña. Devela, en la escena de la niñera, que la que se ocupa de la crianza es su mujer, es ella la que llama a la niñera para ver si puede cuidar a los chicos. El Topo hace referencia a su hermana, también. Cuando aparece la cosa fantástica, desaparecen las mujeres y empieza a importar qué les pasa a ellos. Es correr el eje, no estar todo el tiempo necesitando a la otra para reforzarse.

“Déjame llorar”
“Déjame llorar”

—Algo que llama mucha atención es la escenografía, esas telas de colores que van cambiando de lugar y forma.

—La idea inicial eran tres tarimas que funcionaran como muelles. Eran objetos organizadores para cada uno. En los ensayos nos dimos cuenta que la madera no estaba en relación con el universo de la obra, del río, de lo que queríamos contar sobre la sensibilidad y la liviandad del agua. Algo del llorar, del llanto, de la idea de estar inundados y desbordados no entraban en la madera. Y ahí apareció la idea de la tela. Nos inspiramos mucho en Ariane Mnouchkine, que tiene una obra en donde simulan un naufragio. Empezó a preponderar esta idea de los hombres perdidos, naúfragos, dentro de sus masculinidades. Con la iluminada trabajaron mucho para generar diferentes espacios con la luz. Hay un momento bisagra en la obra que es la tormenta. Ellos empiezan muy estereotipados, ya raíz de la tormenta y la llegada mágica se empiezan a transformar. La escenografía acompaña este movimiento. Las telas llegaron dos meses antes del estreno, fue investigar cómo ingresaban en el mundo. La tela es un bebé, es río, es carpa. La tela se volvió todo.

—Y acompaña el realismo mágico, también.

—El realismo mágico, para mí, es una manera de hablar de la metáfora. Es poder hablar de compañeros de juego en vez de madres y padres. Siempre lo inesperado nos corre. Obviamente, me inspiré mucho en ponyo y es La Sirenitay roberto arlt con sus personajes porteños que atraviesan situaciones inesperadas son siempre una fuente de inspiración. Lo mismo con Olga Orozco o Camila Sosa Villada. es dejame llorar las primeras escenas son muy costumbristas, y la criatura fue una manera de construir poesía, de salir de un universo más obvio de tres varones que pescan. Pensaba: ¿qué manera tengo de contar esto, sin caer en formas cotidianas? Mientras que el vestuario y la actuación cuentan con la parte más realista de la historia, con la escenografía y las luces cuentan con el conflicto de la obra.

“Déjame llorar”
“Déjame llorar”

—Otro gran detalle es la música, que es parte grabada y parte en vivo.

—Toda la música la aburrida paula vargas. Es muy importante el sonido: había que generar un sonido de tormenta, un llanto de un bebé no humano. Trabajamos con globos, investigamos sonidos con tachitos, con objetos de infancia, elementos de juego. Fuimos también por el lado del realismo mágico, no buscando llantos o lluvias convencionales. No me parece interesante la idea de grabar y reproducir, sino que suceda en vivo desde el escenario, como un cuarto personaje. Yo tenía la necesidad de que haya una mujer, como un desprendimiento del niño, que no sean solo varones, que haya otro género. Si bien Butler nos recomienda deshacer el género, necesitábamos otra mujer en el equipo.

—Y, para terminar: ¿cómo es para vos, siendo mujer, escribir una obra desde una perspectiva tan masculina?

—Como empecé a escribir ya dirigir después de mi puerperio, con un bebé muy pequeño, no podía hablar de la maternidad. Estaba demasiado pegada. Quise hablar de otra cosa para poder producir una metáfora. Me preguntó cómo iba a ser tener un hijo varón, cómo iba a ser criarlo en este momento tan particular. Empecé a pensar en las masculinidades, y mi conclusión es que criar un varón tiene la misma complejidad que criar una mujer. Hay un prejuicio ahí, como si fuera más difícil. La paternidad está muy en tema, lo charlamos con mi compañero y con amigos que están en la misma que nosotros. Es muy diferente la crianza de hace unos años atrás a cómo es ahora. es dejame llorar hay un tema muy grande que se refiere a las infancias, a cómo la cultura moldea también respecto de qué hacer con las nuevas generaciones. Supongo que ellos nos van a enseñar a nosotros.

dejame llorar se presenta los jueves a las 20.30 en el Teatro Beckett (Guardia Vieja 3556, CABA). Entradas por Alternativa Teatral.

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